El que está
en Cristo es una nueva criatura. Para él lo antiguo ha pasado; un mundo nuevo
ha llegado. Todo es obra de Dios, que nos reconcilió con él en Cristo, y que a
mí me encargó la obra de la reconciliación. Pues en Cristo Dios reconciliaba al
mundo con él; a los hombres ya no les tomaba en cuenta sus pecados, y a mí me
entregaba el mensaje de la reconciliación.
Nos
presentamos, pues, como mensajeros de parte de Cristo, como si Dios mismo les
rogara por nuestra boca. Déjense reconciliar con Dios.
Reflexión
Una vez el hombre es transformado por Dios, se convierte en una nueva persona con una perspectiva de vida distinta a la que tenía. Llegan a su mente y a su corazón nuevos pensamientos y sentimientos, que lo inquietan a luchar por llevar la paz y a transformar todo a su alrededor. Este cambio en él le produce el deseo profundo de ser colaborador con Cristo, y actuar como mensajero de la reconciliación en medio de la humanidad.
Ser
mensajero de la reconciliación conlleva participar activamente con valor, firmeza
y con amor en la renovación y restauración del hombre y de todo lo que le
rodea, para que así se logre la
reconciliación del hombre consigo mismo con los demás y sobre todo con Dios.
Para lograr
esta reconciliación habrá que saber señalar dócilmente las injusticias y las
acciones equivocadas que afectan la convivencia
entre los seres humanos. Hay que
enseñar a lo demás a salir de sí mismo y
dejar el egoísmo, los rencores el
resentimientos y las diferencias para
poder ir al enfermo, necesitado, marginado y abandonado y llevarle un mensaje
de paz, perdón, amor, pero sobre todo de reconciliación.
A través de
éste mensaje de reconciliación se lleva
a Cristo mismo y el que recibe éste mensaje recibe a Cristo y ya está
reconciliado con El.
María Díaz
18 de Enero de 2006
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